4 / km 794
[No lo puedo creer... pinchamos. ¿Beto estará dormido? ¡Qué macana! Con este frío, y encima la bruma... hace como tres años que no cambio una goma]. El renqueo cada vez más lento se acentúa hacia la derecha y muere en la banquina. Leo espera unos segundos para ver si la quietud dentro del auto despierta a alguien.
-Beto... Beto..., ¿estás despierto?
-No, viejo, no pares. No paremos más. Así no vamos a llegar nunca.
-¿Qué querés que haga? Pinchamos...
-No, querido, yo no pinché. Pinchaste vos.
-Sí, pero se van a tener que bajar todos para cambiar tu goma de tu auto.
-Sí, pero la van a tener que desenterrar de abajo de tus bolsos.
-Cortala, Beto. Dale que se hace tarde.
-Qué novedad... Claro que se hace tarde. Si salimos de Buenos Aires a la mañana y todavía estamos en el medio de la nada...
Bajan demorando los movimientos. Diana se despierta entumecida y enseguida desiste de bajar a Gabi del auto. Mecánicamente sacan bultos al azar entre los tres. Un enjambre de mosquitos invernales se divide las presas.
Beto se reclina sobre la rueda trasera del lado de la ruta. A tientas ensambla las piezas del crique que le prestó su cuñado hace dos años, después de que le desvalijaron el auto. Tantea con la mano el lugar donde tiene que ubicarlo. [¡Qué boludo! Tendría que haber cambiado esta mierda antes de salir. Siempre me olvido... ahora voy a tardar como dos horas].
-Leo, apurate con la baliza y vení a darme una mano.
-Ya voy, ya voy... Que alguien me busque una piedra porque esto se cae para adelante. ¡Diana...!
-Dale, Leo, dejá eso que no va a pasar nadie... dale, sacá la linterna del baúl y vení.
La linterna no es una linterna. Es una lámpara multiuso coreana que Eugenia compró en un semáforo. Tiene una luz roja, otra amarilla, radio despertador y un tubo fluorescente que no logran sacar de intermitente. Al primer impulso de la palanca, el crique se zafa y se desarma. Un cúmulo de murmullos asciende junto con el flanco del auto. Puteadas. Parpadea la luz amarilla. Otra vez se zafa la llave. Beto retrocede perdiendo el equilibrio. La linterna en manos de Leo sigue iluminando inútilmente las tuercas. Intermitente. [Pero me cago en la... me olvidé de las tuercas]. "Beto, ¿no tendrías que haber aflojado las tuercas primero?" [Sí, gil]. Gira la luz roja. "¿Dónde está la cruz?" [¿Dónde estará ahora el hijo de puta que me afanó el crique y el estéreo?] Beto sigue apartando los terrones de tierra roja, amarilla, roja, amarilla, roja, fluorescente que se desprenden del guardabarros. Las tuercas van cayendo en la taza. Todas menos una. [Que la busque el imbécil... O Diana]. "¿Dónde está Diana?". Leo empuja el botón equivocado y junto con las luces de colores se enciende el ruido áspero de una radio mal sintonizada. "Leo, dejate de jugar con esa mierda... será posible... ¡Diana! ¿Dónde carajo estás? [No importa, hacete la escurridiza ahora, aprovechá que ya te voy a agarrar...]. La alarma de la linterna coreana desgarra el desierto oscuro que los rodea. [Leo y la puta madre que te parió... No va a poder decirme que no... Si nunca me dice que no a nada, por qué va a empezar justo ahora a negarse...]. Los murmullos, los planes de Beto van bajando lento, como el crique, hasta tocar el asfalto helado.
* * * * *
¿Me querés decir qué cornos hago acá en la ruta de los mosquitos haciéndole de instrumentista a un caracúlico? Ya podría estar allá, calentito, con la estufa, durmiendo abrazado a mi mujercita. Pero no, claro, al amarrete de Ezcurra no le da para pagarnos el avión... qué hijo de su madre, me pone siempre abajo de este... acomodado que lo único que hizo bien en su vida fue casarse con "Eugenia Valdivia". El muy inepto se cuelga de los méritos de su esposa y a mí me ignoran olímpicamente... salvo cuando se cae el sistema, ahí sí, "Riccardi, qué sería de nosotros sin usted"... Hipócritas... Qué porquería esta luz, che... tengo que tenerla apretada para que no se apague... es de locos... ¡Uy, se activó la alarma! ¿De dónde se apagará? Qué sé yo... para mí se hicieron los fierros de verdad, no la basura asiática. Siempre les digo que no compren berretadas... Ahí está, quedate quieta ahora que si no... Menos mal que Beto sabe de estas cosas. Si me tocaba a mí cambiar solo la rueda hubiera tenido que despertar a mi Gabi... con lo que me costó convencerla de venir... pobrecita, se durmió con este frío y el estómago vacío...
-Beto, ¿vos viste la bolsa de comida cuando bajamos los bolsos? ¿Sabés que no la vi...? ¿Qué vamos a comer esta noche cuando lleguemos?
-¡Pero la puta que te parió, Leo! ¿No te das cuenta que ya ES de noche? ¡Sostené bien esa linterna que no veo un carajo, por favor! ¡Diana! ¿Dónde te metiste?
* * * * *
Gabi entreabre apenas el ojo izquierdo. En el borde de la luz de los faros delanteros ve a Diana, sentada más allá de la banquina, con los codos en las rodillas y las manos sosteniéndose la cabeza. El reflejo de su imagen atraviesa el parante de la puerta abierta.
[¡Qué frío hace, che! ¿Nadie va a venir a cerrarme la puerta? Y encima este auto que se está llenando de mosquitos. Dale, Diani, movete que fuiste vos la que me abrió la puerta. ¿No te das cuenta que yo estoy durmiendo y no puedo cerrarla? ¡Movete, en vez de estar ahí papando moscas...! Bah, mosquitos. ¿Por qué será que esta tarada no cierra mi puerta, se mete en el auto y se hace subir con el crique, como yo? ¡Qué gente desconsiderada...! Mucha universidad de acá y doctor de allá pero no saben nada de solidaridad... ¿Qué le pasa a esta cosa que sube y baja todo el tiempo? ¿Y esas luces? ¿Llamaron a la grúa? No, yo de acá ni me muevo. Soy paralítica, como Amaranta... ¡Uy, me olvidé de poner a grabar la novela! ¡Qué tonta, cómo me pude olvidar! Pero la culpa la tiene Leo, como siempre... se pone histérico y empieza a los gritos... ¡apurate, apurate! Si ya sabe que a mí me tiene que tratar bien... "vísteme despacio que estoy apurada..." Le voy a decir que en el apuro me olvidé su chaleco de dormir, ¡ahí lo quiero ver! Para que aprenda a tratarme bien... Seguro que donde vamos no hay ni cable, me la voy a perder, me perdí la novela, ¡qué tarada...! Tengo que llamarla a mami para que me la grabe...
El viento le pega fuerte en la cara pero es incapaz de arrastrar la puerta abierta. Gabi se da vuelta sin desacomodar la campera que la cubre. No quiere cerrar la puerta, si descubren que se hace la dormida la van a poner a acomodar los bolsos otra vez. Y ya tuvo suficiente escándalo con la primera. Que son muchos, que qué llevás, que para qué... Ahora no quiere discutir, quiere dormir y nada más.
* * * * *
[¿Para qué vine, me querés decir? ¿No podía decir que no? ¿Por qué Juan no me paró, por qué me dejó venir? Porque yo no le importo un comino, por eso. Por eso estoy acá muerta de frío y con estos bichos que me pican hasta el alma.Diana entrecierra los ojos y las figuras se desdibujan. El auto, la ruta, la cabeza de Leo se transforman en un conjunto de rayas horizontales, a veces rojizas, a veces amarillentas. [Si parara el viento por lo menos... Nunca en mi vida sentí tanto frío. Quiero mi cama calentita y un submarino con chocolate doble y... ¿por qué hay mosquitos con este frío? Mosquitos polares... Esto no es trabajar, quiero volver a casa].
Diana mira a su alrededor y descubre una manada de formas amenazantes, inmóviles contra el piso. Ramas secas, pedazos de plástico viejo, tiras de caucho, cadáveres de un sinfín de ruedas pinchadas en la ruta desierta. Un poco más lejos, las sombras nítidas de algunos arbustos se recortan más negras que el fondo. Diana abre un ojo, después el otro y el mojón, negro y blanco -rojo, amarillo, fosforescente-, se mueve a la derecha y a la izquierda: Km 794. [La campera de Juan, la de la colimba... ésa tendría que haber traído. Este cuello no me tapa nada, lo único que me falta ahora es enfermarme... Pero me lo merezco, por débil, por boluda... Tendría que haberme quedado en Buenos Aires, estudiando para recibirme... Nunca voy a aprender a decir que no]. El ruido seco de los bolsos contra el baúl la lleva de nuevo hasta el auto, hasta las puteadas, los gritos cortos y las quejas murmuradas. Un simbólico minuto de silencio inicia el último tramo del viaje interminable.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home